
Viejo muy viejo como el añejo
diciembre 23, 2009Caminar sin Max Max no estuvo hoy junto a mí, lo llevé al hospital.
Ayer por la noche veníamos de la droguería, Max me guiaba por la carrera 7, a la altura de la 72 cruzamos el semáforo, Max me empujó al andén, sentí el rozar de un carro, el tocar de la bocina y el frenar de este. El dueño del carro me levantó del piso y en ese mismo instante comprendí lo qué había sucedido. Tiene una hemorragia interna, no creo que sobreviva aunque el veterinario me dice que nada malo le pasó, pero yo sé que si, no por ser ciego de vista soy ciego de alma.
Hoy salí a la cigarrería a comprar leche para el desayuno, los domingos no funcionan domicilios así que caminé por la carrera 7. Me sentí tan vulnerable, noté lo que nunca había notado, los mendigos, los rateros, los ladrones, los malabaristas, los vendedores ambulantes, los abuelos abandonados, familias enteras de gente desplazada. En mi camino tropecé con un niño de 7 años, estaba pidiendo limosna después de haber hecho algunas acrobacias con sus otros dos hermanos, un loco les decía que se fueran al circo, que les pagaban y la madre les gritaba que no cruzaran las calles sin mirar. Son personas que no tienen lugar en esta ciudad, están perdidos en ella, sin sentido alguno para seguir con su lucha de vivir pero que hacen todo por sobrevivir. No puedo creer que esta ciudad se encuentre tan echada a perder como para que niños tengan que trabajar o pedir dinero.
Hoy la ceguera me hizo abrir los ojos, vi la ciudad que siempre había ignorado, la sentí, la olí, la viví. Mañana debo ir al hospital a revisar los papeles sobre la operación de Max, no sé cómo haré, ¿quién me guiara ahora que Max no está conmigo?